Shodõ de Eres
Shodõ de La carta que nunca existió
...aquí está la carta que nunca escribí...
...que nunca te dí,
...que nunca leíste, ni te hizo llorar,
...sobre el amor que nunca existió y no pudo acabar...
...aquel que nunca me hizo soñar,
...y por tanto, que nunca pude asesinar.
Shodõ del Pasado
…no entiendes el porque de tus múltiples cicatrices… sólo las miras con el asombro de pensar que seguramente dolieron demasiado aquellas heridas… ves esa herida vertical que corre por tu pecho y piensas si todavía el corazón se encuentra en su lugar… no escuchas o sientes latido alguno… solo intuyes que sigue ahí…
Y encuentras por doquier pistas de todo aquello… una nota… una foto… un te quiero extraviado… letras desconocidas… rostros irreconocibles… y la ausencia de un emisor… y te confunde más que entristecerte… entras en un desconcierto que te abruma… ¿A quién habrá que agradecerle el por que eres así? ¿A quién habría que maldecir por aquellas cicatrices y dolores internos?
¿Será el odio, catalizador de esta amnesia? ¿Tanto dolor habrá existido? ¿Tanto amor extraviado existió? y te esfuerzas por recordar… mentalizas… tratas de imaginar lo que fue… cierras los ojos y escribes cuantos pensamientos cruzan tu cabeza, esperando que ahí aparezca un nombre, una señal o simplemente un recuerdo… y sigue siendo inútil…
Y seguirás buscando aquello que fuiste… no por volver a ese lugar de sombras y desconcierto… sino simplemente para tratar de entender todo el presente… y no volver a cometer lo que podría parecer un error… sigue buscando… sigue tratando de recordar… quizá un día… puedas mirar ese pasado que hoy, al menos hoy… parece inexistente…
Shodō de la Despedida
Shodō de El Amor es Otra Cosa
Y aclaro fervientemente que este Shodo no es mío... es un escrito de alguien que de pronto desapareció de mi vida... de alguien que de pronto no supe más... y que ojalá que con esto... aparezca... pero que encaja perfectamente con todo lo que está pasando y que merece un tributo... Gracias Gabriela... aún hoy... tus textos y palabras retumban en mi...
Víctor cuelga el auricular del teléfono denotando molestia, Lilia pregunta: ¿qué ha pasado?
¿Eh? No, nada, vuélvete a dormir; yo voy por un vaso de agua. Aprieta los dientes en su boca y acerca sus labios tensos a la frente de Lilia para que ella se sienta más tranquila. Aunque cada músculo de Víctor señala ansiedad, Lilia decide mentirse y volver a dormir.
“Ya no...” jaja: Víctor se sonríe a sí mismo: ese pinche jueguito de reproches ya le tiene tan cansado, cansado...
Bebe el agua desde la jarra que estaba en la puerta del refrigerador, bebe hartándose, queriendo capturar con el paso de esta en la garganta todos esos gritos de desespero. Bebe, bebe. El frío corriente que llega del refrigerador abierto le acaricia los pies descalzos y la espalda desnuda.
Aprieta los ojos: “Ya no”. ¡¡¡Aaaaaaah!!!El grito interno se abraza a las agujas frías del agua, deseando salir sin poder hacerlo: “Ya no...” Y se le acaba el último chorrito...
Su figura jadeante se antoja para fotografía, a contraluz dentro del refri, retorcido hacia su estómago: la viva imagen de la ansiedad deseosa.
Trata de contener la erección al pensar en ella, pero ya no, ya no. La jarra vacía en sus manos y contra sus rodillas cae acelerada y quiebra delante sus pies, entonces Víctor despierta de su letargo.
Un tamborcillo de su corazón se le oscurece y ya parece cantarle al oído alguna rolita de Portishead: el sonido de víbora caminando en el suelo más liso y ennegrecido, la cobra encantada con la cabeza erguida y los ojos fijos...
¿Quién te calma esta noche? Piensa en ella dentro de su cama, con los brazos y las piernas encogidos, con las manos empuñadas: Suele dormir así cuando cree que nadie la ve... ¡Desgraciada, viéndote dan ganas de matarte!
Pero Víctor levanta la cabeza con ganas de ignorar la imagen, aprieta los dientes aún más, da un paso olvidándose de los vidrios: vuelve a despertar: Pobre pendejo, no sabes ni caminar o beber sin tener que romper algo.
“¿Estas herido?” Pregunta una voz en su espalda. ¡Lilia! Piensa y voltea apresurado, pero en la alucinación del desvelo se encuentra con otra cara en una remembranza: ¿Estas herido? Le pregunta una dulce cabecita redonda. ¿Te duele algo? ¿Te sientes bien? Discúlpame, creo que venía distraída, no me fije que venias cruzando, discúlpame, discúlpame, ya mero y te dejo tirado aquí en la avenida, ¿te sientes bien? Víctor aún aturdido por el golpe balbucea: ¿Ah? Sí... eh... sí... estoy bien... Y la cabecita sonríe aliviada...
“¿Estas herido?” Vuelve a preguntar la voz ya dentro de la cocina, la sonrisa aliviada se esfuma dentro de un gesto de preocupación en unos labios distintos. Lilia mira inquisitiva a Víctor y éste, regresando nuevamente al momento se exalta: ¡te dije que te durmieras! Pero... escuché... ¡Mamadas que! yo ahorita levanto esto, regresate a la cama...
...Y... ¿no te enamorarías de mí? ¿Eh? ¿Pero que pendejadas son esas? El amor es otro tipo de cosa, niña, tú me gustas, eres adorable con tu cara redondita, redondita, me atraes. El amor es otro tipo de cosa... ¿Qué tipo de cosa? Otro tipo de cosa: lo sabrás cuando lo encuentres...
“Es otro tipo de cosa...” Musita Víctor mientras recoge los vidrios en el suelo...
...Víctor, ¿esto es amor? ¿Estar dentro de ti, dices? No, niña, se llama sexo. ¿Y que no hay amor en el sexo? Pues no sé, ¿crees que te amo? Yo digo que sí... No, yo a quien amo es a Lilia, mi esposa...
Ya no coordino, me cae de madres, no coordino. Reniega Víctor, mientras sube las escaleras hacia su dormitorio. En la cama Lilia solloza dormida... “Víctor” le llama entre sueños, ¿qué? Responde él automáticamente... “tú ya no me amas...” No, ya no, Lilia...
Shodō de Un Tributo al Amor...
Shodō de Aquella Mujer
Shodõ de “Un Espiral, Un Ciclo”
¿Cuál será tu próxima coartada? ¿Cuántas alucinaciones podré construir con un trozo de papel sin sentido, una llamada en silencio, un mensaje sin remitente?
La vida da tantas vueltas amor mío, que sin quererlo (o esperarlo) he salido de la tuya y mi cuerpo yace aquí parado… sin el rumbo habitual, sin el ánimo corriente de siempre… valgo lo mismo de antaño, pero con el menosprecio de mi mismo a cuestas…
“…la vida es un tornillo, un espiral, un ciclo…” suele decir una canción… y como todo ciclo, obliga a reinventarse o morir…creo que irremisiblemente hemos hecho ambas… tu te reinventaste… y yo he muerto…
No hay lágrimas… miedos… dudas… risas o abrazos… nada… sólo silencio… el sonido de la ausencia quizá nunca fue tan alentador… no hay música… todas nuestras canciones han muerto… dentro de esa pasión callada… hemos salido de un sueño para entrar a otro… sin transición alguna…
El aire huele a ti… alejándote… y a mi en la dirección contraria… la esencia de tu vida ya no se refleja en mis ojos… ni en los tuyos… no esta vida… no la nuestra… sin duda una nueva… sin ti… sin mi… sin nosotros…
Shodõ de Una Remembranza (Por ti…)
Aún me quedan estas letras... es como el testamento incómodo... donde nunca terminas de heredar todo lo que quisieras... y donde todo el mundo estaba a la espera de algo más... donde no hay tristezas... ni reclamos... ni llantos... sólo un agradecimiento eterno... y en todo caso... sólo redención...
Por ti, no me fui de aquí... sin saber lo que era una familia... su arraigo... su profundo amor... la compañía de tus seres amados... la complicidad de una pareja, con la sencillez de la palabra, pero con la fuerza de todo el amor que cabe en ella...
Por ti, no me fui de aquí... sin saber lo que era el amor de una hija... la preocupación... el ansía de querer ser mejor como ejemplo... como padre... como amigo... como ser humano... el sacrificio... el esfuerzo... la duda y la desesperación de equivocarse...
Por ti, no me fui de aquí... sin conocer los celos... el ansia de perderte... del amor desbordante que todo lo nubla... la soledad en un día de ausencia... el vicio inherente de tenerte cerca...
Por ti, no me fui de aquí... sin soñar... sin anhelar... sin caer y levantarme... sin extrañar... sin perdonar... sin recordar... no me voy de aquí con las manos vacías... no, no sin amar...
Por ti, no me iré de aquí... por demostrarme que soy más cobarde que valiente... que soy un niño con aires de adulto... por amarme sin condición... por esperar y no rendirte... por enseñarme el valor de la vida... de las decisiones... de las consecuencias... del dolor y sus heridas... de lo que significa una promesa... o lo que vale un compromiso...
Por ti, no me fui de aquí... por lo mucho que te amo... por lo mucho que compartimos... por lo tanto que te anhelo... por las batallas perdidas y las ganadas...
Por ti, me iré de aquí... por que no deseo que pierdas las esperanzas de algo perfecto... por tu amor incansable... por ti... toda tú... por lo que eres... por lo que sueñas... por lo que me haces sentir... por lo que me dueles... por lo que te amo...
Por ti... todo esto ha sido por ti... y será por ti... por siempre... Jo.
Shodō de "Un Recuerdo"
Verás...
Estoy aquí sentado a unos cuantos minutos de ver cambiar un nuevo día… de ver pasar un día viejo…
Y mientras me deleito de nuevo con tus palabras… eres luz y viento… luz que disipa todas las sombras de la noche… viento que acaricia mi rostro y mis manos entumecidas por el tiempo…
Eres sueño que no termina… inspiración de la cadena interminable de esperanzas que traen de todo en sus carruajes, eres timón y faro…
Dueles de ausencia… de amor… de mar… de sal… de heridas… no dejas de sangrarme el alma… es extraño pensar en ti como la ausente… a pesar de llevarte alojada entre pulmón y corazón… ahí juntito del alma…
En esta noche… son delirios de persecución solamente… me acechas… me buscas… me sigues… me encuentras… por que sigo en la misma silla desde el día que te conocí… el mundo es el que gira diría yo… mientras… espero la oportunidad de saltar…
Déjame acariciarte entre las piernas con estas mis letras más depravadas… en aquel manantial de mis pecados… aquella fuente inagotable de placeres vedados, y a donde sin culpas ni horrores regreso cada noche… después de cada sueño…
No encuentro simetría más elocuente que la distancia de tus pechos… donde se libran las batallas más voraces… aquellas donde se sosiegan mis más perversos ímpetus...
Déjame contemplarte tan desnuda como hermosa… tan solemne como extasiada… no es tu hermoso cuerpo el que imagino… más sí, analogía de la naturaleza misma… el cúmulo de sueños que sin prisa quiero beber… entre tus manos sanadoras…
Sólo dame un pretexto para romperme en miles de pedazos el alma… y la puedas guardar en los bolsillos del pantalón que cada noche te despojo…
Y vaya… ya es nuevo día…
Shodō de mi historia inventada...
Y solía soñar con un día cualquiera… donde despertar a tu lado fuera la experiencia tan maravillosa que siempre fue... despertar y ver el reloj y pedirle al tiempo que se detuviera por todos los minutos posibles… olvidar todas las obligaciones que nos separan pero que también nos dan la vida que llevamos…
Despertamos… la organización incoherente entre la hora en la que nos despertamos y las labores propias de un día de trabajo… despertar a la niña… verla sonreír tímidamente a sabiendas de un día más de escuela… bañarse… preparar un desayuno lo suficientemente abundante… pero a la vez, que le llame la atención a la niña… y a nosotros… el sueño todavía nos persigue… nos quiere hacer suyos…
Y nos vestimos… planchar la camisa y el pantalón… después de que tomaste la decisión por mi… por que dices “que así me veo más guapo”… y me gusta verte andar… cuando comienza a entrarte la histeria… de la hora… de lo que tienes que viajar… cuando la niña no está lista por que si por ella fuera, quizá no iría nunca a la escuela…
Y ayudo torpemente en todo lo que pueda… entre el sueño… la prisa… el que no sé que hacer o como hacerlo… y sólo sonrío… pienso en ti y en todo lo que hemos construido… en todo lo que hemos logrado… y me vuelvo creyente de que hay un ser superior… descubro lo agradecido que estoy en lo general con todo… por todo…
Haber librado todas las barreras del tiempo… espacio… humanidad… errores… aciertos… todo… absolutamente todo para bien y mal nos tienen aquí… y no dejo de sonreír idiotamente hasta que me sacas de mi realidad y me dices… “apúrate… vas a llegar tarde al trabajo” y tengo deseos de abrazarte ahí… y no soltarte nunca… mientras la niña, ya con el ánimo de ir a la escuela, nos interrumpe… y se mete entre ambos… y las abrazo… y son mías… para siempre…
Y salimos de prisa… como siempre… a ambas les doy un beso y las miro como si no existiera un mañana… sé que nos veremos en unas horas… siempre es igual… maravillosamente igual… y las veo subir al coche… y comienza a arranchar y les mando el beso al aire de cada mañana… y la sonrisa que me regalan… la que me viste de amor y me hace ir a trabajar…
Y veo pasar el día con la velocidad habitual… tanto trabajo… tantas cosas por hacer… una llamada tuya… un mensaje… y sigo sabiendo por ello que estás bien… y de pronto… como casi cualquier día… llega la hora de comer… y vuelvo a casa… siempre la ventaja de vivir tan cerca del trabajo… y sé que ya cocinaste algo… que me esperaban ratico antes… pero siempre habrá algo que no me permita salir justo a la hora deseada…
Hoy… no quería comer eso… pero cuando se trata de la cocina siempre eres más dueña del espacio que de otras piezas de la casa… aún así amo el hecho de que el momento familiar se prolonga… que tenemos la oportunidad de compartir eso… cosa que no cualquiera tiene… y lo amo más… valoro más aquello que tenemos…
Y el final de la comida es inevitable… y siento además de la pesadez de haber comido… y esa clásica sensación de no querer salir más de la casa y simplemente quedarme con ustedes… pero me incitas a volver… sabes y aceptas mi trabajo a veces con más ánimos que yo… quizá por que sabemos que falta menos para terminar el día juntos… unas horas más… y vuelvo…
Regreso de trabajar y pareciera que no nos hubiéramos visto en todo el día… es la parte favorita del día… un reencuentro, en las circunstancias que sean, siempre es un reencuentro… y las veo en sus actividades… tareas… más trabajo en casa… cada una entretenida…
Y trato de integrarme… de hacer algo por ambas… quisiera ser dos… para compartir con cada una cada cosa que hacen… y se llega la noche… nos sentamos a ver algo tal vez sin sentido en la televisión… pero lo que importa es que somos los tres… juntos… siempre…
Y decidimos dormir… la tarde y la noche nunca alcanzará para compartir más… el tiempo… ese que dicen que es más que la vida… tiene sus formas extrañas de desaparecer… y llevo a la niña a dormir… mientras tu, estás haciendo otra cosa… hay tantos días en los que se te acumula el trabajo… por el amor que le tienes…
Me encanta sentir como acaricia mi oreja… como me muestra su acercamiento con eso… y la amo… tanto como a ti… por esa fragilidad… esa inocencia que nos dice que siempre debemos tener algo de que sorprendernos… por eso mismo, es tan gratificante ver lo que aprende día a día… lo que quiere… lo que siente… así de simple… y me quedo minutos dormido junto con ella… hasta que siento tu mirada… el calor de ella… y te acercas y acaricias mi rostro… mientras nos regalas esa mirada de quien ve a sus niños… y así me haces sentir… tan niño… tan infantil… tan frágil…
Ya es tiempo de dormir… ver cerrar la luz de tus ojos... de volver a sentir tu calor en mi espalda… en mi pecho… y el beso que sella un día más… una batalla más ganada… un victoria más disfrutada… así como cada día de nuestras vidas… como el resto de nuestras vidas…
Shodō de tu historia...
Y tal vez te invente una historia heroica… trágica… cuando la gente pregunte, se nublen mis ojos y simplemente diga que estás muerta… que lo único que pude conservar de ti, es este anillo que cuelga de mi cuello… tu anillo de compromiso…
Que hemos muerto…
Vamos a suponer que hemos muerto
y que nuestros ojos nunca se unieron
que nunca existió el roce de los labios
y que los cuerpos jamás se colapsaron
que los soles siempre te pertenecieron
y que las lunas fueron mías
que nos extrañaremos ciegamente en el continente que bordea al olvido
si no existimos entonces
no hay noche donde nos anhelásemos soñar
ni frases que puedan explicar el vaivén de un sentimiento compartido
no hay terreno fértil donde el amor pueda al fin reposar y germinar
no hay angustia, pena, dolor
de esperar un mañana posterior al adiós
estamos muertos
es por eso que ya no podemos sentir el golpe de la lluvia
y ya no podemos mirar como el tiempo se detiene al anochecer
ha dejado de existir el miedo y el sacrificio
pues al fin se ha liberado el alma
el mundo no parece tan pequeño
pues se abren las puertas del universo
percibes que ya no estamos
nunca fuiste, nunca fui
si alguna vez nos conocimos fue
en alguna esquina de nuestros destinos
y ese fue el punto de partida donde nuestra dirección comenzó a ser distinta
y ahí…
aun en la primavera de la vida la distancia nos unió y nos separo
si ya no vivimos podemos encarnar en forma de ángel o demonio
regalando luz divina a aquellos seres ansiosos de buscar su complemento
o bien ofreciendo nuestras oscuridad aquellos que viven en tranquilidad
y bajo esas formas seremos etéreos
tal como el viento, el sufrimiento, el amor
por eso vamos a suponer que hemos muerto
nunca fuiste, nunca fui
jamás fuimos
y como no existimos
no hay mas amor que abrigar y poder recordar
lo único eterno es el librar de las almas
que se expande hacia el infinito
y como la muerte desconoce todo espacio y tiempo
he aquí que ya hemos fallecido.
Por ti, Jo.
Pozos de Olvido
Cavar pozos de olvido
beber leche de olvido
surcar cielos de olvido
olvidarnos en el primer frío del alma
en el púrpura imposible del atardecer
en los burbujeo nocturnos de alondras
olvidarnos para descubrir las cortinas del llanto
para colgar las ropas del adiós
para no enfermarnos de ausencia
olvidarnos en el extravío del recuerdo
en la nostalgia de la evocación
en el vacío de mis manos
en el sol que madura tus senos
tejer nubes de olvido
contar segundos de olvido
y nombrar silencios de olvido.
Vienes de Noche…
Vienes de noche, y entras por mi ventana
te llevas todo, dejas rastros de nada.
De noche entras, y me despiertas
con un aliento en mi boca, con tu susurro en mi oído.
De noche apareces, y aclaras las cosas
existen ciertas personas, y ciertos momentos
que no tendrán lugar, por fuerte que soplen los vientos.
De noche vienes, y me envuelve tu sombra
me quitas el aire, y me asfixia tu boca.
Vienes de madrugada, te llevas mis ilusiones
las tomas en brazos, y las arrojas,
me sacas el corazón y lo robas, al final te bebes mi sangre
y me dejas como un cadáver.
Vienes de noche y te alejas, cuando se asoma el sol al oriente
cuando recuerdo que no te tengo, y me doy cuenta que mis palabras sobran,
que mi compañía es un absurdo, sin más que palabras sordas
e inútiles inventos, no son más que hazañas tontas producto de la rutina,
y de mis pláticas con la soledad vespertina
resultados de la experiencia de escribirle a musas inventadas,
de idealizar amores robados, de sentirme todo un poeta.
De noche vienes, como llegas te alejas
y entre sabanas blancas, completamente triste me dejas,
me dejas tan solo, que ni siquiera he notado,
que lo único que me acompaña, es el rastro de tu sombra
la oscuridad,
un par de velas, y mi cabeza en la almohada.







